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2000

 

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Borges en diez miradas. Premio EDENOR a escritores sin libro publicado en el género ensayo 1999. Buenos Aires: Fundación El libro, 1999.


Reseña por Cristina Parodi

 

De los 90 ensayos remitidos al concurso del Premio Edenor 1999, los publicados en este volumen son los que resultaron premiados. Que el ensayo mantiene su condición de género escurridizo, de “cajón de sastre”, se comprueba en la variedad de los textos reunidos: desde aquellos en que predomina el tono poético y el comentario personal guiado por el libre fluir del pensamiento del autor, a los de corte técnico y erudito, de factura académica.

El ensayo que con mayor eficacia combina las mejores convenciones del género con las eficaces transgresiones borgesianas es “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Jorge Luis Borges (1940)”, un yo que tiende vínculos con el lector, que lo invita a acompañarlo en el recorrido, que reclama su participación mediante preguntas y llamados a la reflexión, y que le “narra” sus argumentos echando mano de procedimientos propios de la ficción. Federico H. Lafuente nos acerca paulatinamente al cuento de Borges a lo largo un camino que avanza desde la ampliación del mundo en el siglo XVI, la necesidad de inventariarlo y ordenarlo por parte de los Enciclopedistas franceses guiados por la filosofía de Locke, la desestabilización de ese conocimiento por el escepticismo de Bayle y la gnoseología del idealismo, el proyecto financiado por Buckley de una enciclopedia basada en la teoría del conocimiento de Berkeley y en la simultánea negación de su religión, la difusión de esta enciclopedia secreta después de la muerte de Buckley, un recorrido por sus páginas secretas que revelan al lector el mundo de los hrönir, hasta llegar al descubrimiento del volumen XXVI de la Anglo-American Cyclopedia una de las noches compartidas por Borges y Bioy en la calle Gaona y al cuento que inaugura Ficciones. Una lectura inteligente, que va guiando al lector en los universos de las enciclopedias y en el relato de Borges.

Claridad expositiva, ejemplos hábilmente construidos y un seguro manejo de la prosa ensayística se conjugan en “El jardín de los mundos que se ramifican: Borges y la mecánica cuántica”. Alberto G. Rojo introduce al lector en “El jardín de senderos que se bifurcan”, donde, en su concepción del laberinto de Ts’ui Pên, Borges propone la pérdida de la existencia de una realidad objetiva, a favor de varias realidades que existen simultáneamente. “Sin saberlo (no podía saberlo)”, su ficción anticipa a principios de los 40 la solución a un problema que en la física cuántica quedará en suspenso hasta la tesis doctoral de Hugh Everet, en 1957. “La estructura de ficción razonada de los cuentos de Borges, que a veces parecen teoremas con hipótesis fantásticas, es capaz de destilar ideas en proceso de gestación que antes de convertirse en teorías hacen escala en la literatura”.

En “Borges y la industria cultural”, Alberto Danilo ve en la postergación de “El jardín de senderos que se bifurcan” y el juicio de la revista Nosotros un efecto del desencuentro entre el gusto dominante en el campo cultural local hacia 1940 (orientado hacia el ensayo y la novela realista) y la estética de Borges en las páginas de El Hogar, alejada de esos rumbos de la “industria cultural” argentina.

Para Inés de Allende de Goyanes (“Borges y el ‘Facundo’”) la originalidad de la lectura que Borges hace del Facundo encuentra su fundamento en que “existen harto afinidades entre los dos escritores”. Entre otras, que ambos comprendieron los “tres estamentos que desde la colonia operan todavía”: el nacionalismo, el fanatismo religioso y la burocracia, además de afirmar la disyuntiva “civilización o barbarie, aplicable al proceso total de la historia argentina”. Invita a los lectores a una lectura actualizada del Facundo para “rescatar con Borges esa ética moralizadora de Sarmiento y esa sed de cultura, porque sólo así seremos libres”.

El lenguaje de Borges, la particular entonación que imprime a su estilo, es el tema que –desde diversas perspectivas– indagan los restantes ensayos del volumen. La habitual solidez documental y argumentativa de Ivonne Bordelois (“’Luna de enfrente’: entre la autocensura y la admiración”) guía al lector por los dos años que separan a Fervor de Buenos Aires de Luna de enfrente y El tamaño de mi esperanza, en los que la autora ubica el pasaje de Borges del ultraísmo al criollismo, a la amistad con Güiraldes y la instauración de un programa neocriollista, a un ataque frontal contra Lugones, y a su innovación más importante, la de “un lenguaje que es sobre todo un tono, el de la charla porteña, que habría de transformar el estilo de la literatura argentina”.

Con un tono poético y confidencial, y abundantes citas de Borges, Alicia R. Benjamín (“Borges y la voz del otro”) ve a Borges como mediador de las palabras de otros, una especie de “caja de resonancia” que al desplegar otras voces encuentra su propia voz, que es la del lector: “El sujeto-Borges (el sujeto de su obra y en su obra), es en realidad el lector que, dando a oír las voces de ese universo para otros lectores, se convierte en la voz que a esa Biblioteca le faltaba.”

Cecilia Laura Mosconi (”El ensayo como espacio abierto a la ficción”) reflexiona sobre el rasgo más original de la obra ensayística de Borges: su condición de forma contaminada por estrategias propias de la ficción, que exigen del lector un acto de fe propio del arte. La autora destaca la reescritura creativa practicada por Borges como el procedimiento esencial en la ficcionalización del ensayo.

Cuatro cuentos de Borges (“Funes el memorioso”, “El muerto”, “Emma Zunz” y “El Aleph”) son ocasión para que Osvaldo Gallone (“Dos aspectos de la obra de Jorge Luis Borges”) señale dos rasgos de la escritura borgesiana. El primero, la postulación de la insuficiencia del lenguaje como instrumento para interpretar la realidad, un nominalismo (mauthneriano) de Borges presente en buena parte de la literatura argentina contemporánea (como en Rodolfo Rabanal y Vicente Battista). En cuanto al segundo aspecto, la filiación idealista de “Borges y yo”, Gallone sugiere su posible derivación de la relación entre el yo y el no-yo fichteano.

“La educación del olvido” es la que, en las palabras de Fermín Adrián Rodríguez, “Borges practicaba cada vez que se proponía pensar el problema de cómo fijar narrativamente un proceso, pasando de lo que se ve a lo que se dice mediante operaciones de selección y simplificación de estados de cosas complejos”. El ensayo reflexiona sobre dos objetos del universo borgesiano, el aleph y el zahir, como los dos modos de la ficción de Borges, que no busca la representación del universo sino su percepción artística como expresión de un constante cambio.

Para Samuel Scholnik (“El mundo según Borges”) la obra de Borges se sostiene sobre cimientos filosóficos que confieren una atmósfera característica al mundo borgesiano, un mundo “construido con enunciados antagónicos, pertenecientes a doctrinas filosóficas opuestas”, y que “resulta menos de aquellos enunciados que de la actitud enunciativa de su constructor, de una tonalidad y de una atmósfera independientes de tal o cual profesión de fe filosófica”.

 


 

Published in Variaciones Borges 9 (2000)
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