[[
Beatriz
Borovich. Los
caminos de
Borges. La
Kábala, los
mitos y los
símbolos.
Reseña
por
Patricia
Willson
Además
de
sendas
notas
preliminares
de la
autora
y de
la
ilustradora,
este
libro
de
editorial
Lumen
cuenta
con
dos
capítulos
que
funcionan
a modo
de
introducción
conceptual
(“La
Kábala”
y “Sobre
mitos
y
símbolos”),
a los
que
siguen
otros
en que
se
proponen
lecturas
de
diversos
textos
de
Borges,
extraídos
de Historia
de la
eternidad,
Ficciones,
El
Aleph,
Otras
inquisiciones,
El
Hacedor,
El
Otro,
el
mismo,
Elogio
de la
sombra
y El
tamaño
de mi
esperanza.
Así
pues,
en “La
memoria
y la
última
sombra”,
se
propone
una
interpretación
de “El
Hacedor”;
en “El
mundo
angélico”,
una de
“Historia
de
ángeles”;
en “El
Tretragrámaton”,
una de
“La
muerte
y la
brújula”;
en “Esta
es la
muerte
que
hubiera
elegido
y
soñado”,
una de
“El
Sur”;
en “El
libro
total”,
una de
“La
biblioteca
de
Babel”.
En
total,
Borovich
analiza
veintidós
textos
de
Borges,
hasta
llegar
a “Palabras
finales”,
en
cuyo
párrafo
de
cierre
advierte:
“Nuestro
barco
puede
ser
nuestra
mente,
nuestra
alma.
El
puerto
de
llegada:
el
hallazgo
de una
respuesta
a la
vida
que
nos
toca
conocer,
para
que la
naturaleza,
la
cultura
y la
razón
se
aúnen
en una
obra
perfecta
del
Creador
y del
hombre;
y
poder
decir
con
seguridad
y sin
temor,
parafraseando
a
Borges,
que la
última
letra
de
nuestro
nombre
ha
sido
articulada.”
Los
comentarios
de
Borovich
están
acompañados
de
ilustraciones
alusivas.
Cierra
el
libro
una
bibliografía
que
incluye,
entre
otros,
los
siguientes
textos:
La
Cábala,
también
de
Borovich;
Borges
y la
Cábala,
de
Saúl
Sosnowski;
Borges
y la
arquitectura,
de
Cristina
Grau; Las
letras
de
Borges,
de
Sylvia
Molloy;
y Las
claves
de
Enoc,
El
Libro
del
Conocimiento,
publicado
por la
Academia
para
la
Ciencia
Futura.
La
autora
inicia
el
libro
con
una
forma
oblicua
de la captatio
benevolentiae;
lo
anuncia
como
homenaje
personal,
largo
tiempo
postergado:
“escribir
un
libro
sobre
la
obra
de
Borges
es un
tema
que
tenía
pendiente
desde
hace
mucho
tiempo”;
“este
trabajo
tenía
que
salir
a la
luz,
era un
homenaje
que le
debía
a
Borges”.
(Para
Borovich,
según
reza
la
dedicatoria,
Borges
es el
demiurgo
maestro
que le
dio la
luz
para
conocer
la
cifra
de su
obra).
Esas
razones
son
personales
y es
justo
destacar
móviles
tan
válidos
y
nobles.
Sin
embargo,
porque
se
trata
de un
libro
y
porque,
como
tal,
se
ofrece
a la
lectura
de
muchos,
es
justo
también
sustraerlo
de lo
estrictamente
individual,
analizarlo,
y
emitir
un
modesto
juicio
de
valor,
antes
de
tener
a bien
transmitir
sus
propuestas,
como
afirma
la
propia
autora
(“Mi
libro
también
me
abandona.
Las
diferentes
propuestas
ya no
son
íntegramente
mías.
Otros
las
recibirán
y
podrán
transmitirlas”).
La
calidad
de la
edición
(tipo
de
papel,
tipografía,
dimensiones
de los
márgenes,
ilustraciones)
lo
ubica,
difusamente,
dentro
de la
categoría
“libro
de
arte”.
Los
numerosos
dibujos
realizados
por
Ester
Gurevich
ocupan
páginas
impares
y
llevan
como
título
el de
relatos
o
poemas
de
Borges.
En una
sucesión
(¿voluntariamente?)
pesadillesca
desfilan
cuatro
cabezas
de
caballo
que
sobrevuelan
un
torso
decapitado,
dos
lanzas
y
un
revólver
(“Poema
conjetural”);
un
hombre
vendado
que
fuma
contra
un
paredón,
junto
a un
reloj
que es
un
libro
y
frente
a unos
brazos
haciendo
el
saludo
nazi (“El
milagro
secreto”);
un
friso
de
losanges,
tres
fechas
y una
cabeza
con un
gran
signo
de
interrogación
(“La
muerte
y la
brújula”).
El
análisis
de
Beatriz
Borovich
se
sitúa
explícitamente
en un
marco
interpretativo
determinado:
la
Kábala.
La
lectura
de Los
caminos
de
Borges
depara,
sin
embargo,
la
siguiente
sorpresa:
la
autora
también
lee
desde
el
lugar
común.
Semejante
eclecticismo
da
como
resultado
una
serie
de
comentarios
sobre
textos
Borges
que
difícilmente
satisfarán
a
quien
nunca
leyó
a
Borges,
y que
sin
duda
irritarán
a
quien
lo ha
leído.
Remitimos,
a
manera
de
ejemplo,
al
capítulo
“Sobre
mitos
y
símbolos”:
“En
los
cuentos
borgeanos
hay
muchos
símbolos
que
tienen
una
significación
universal,
como
el
templo,
la
luna,
el
fuego,
la
rosa,
la
tempestad,
los
escalones,
la
luz,
el
tigre,
la
tierra,
el
agua...
Pero
existen
otros
que
tienen
una
significación
del
propio
Borges
o de
nuestra
interpretación.
Tal
como
los
círculos
del
tiempo,
la
Biblioteca,
el
tren
de la
estación
Constitución,
el
coche
plaza,
el
Ecuador,
el
sur,
el
Nombre,
el
desierto,
la
soga,
la
mancha
roja
de
seis
puntas,
el
laberinto,
los
escalones...”
Muchos
son
los
libros
sobre
Borges
publicados
en
este
año
del
centenario;
el
abanico
de
potenciales
lectores
es
amplio.
Este
de
Beatriz
Borovich
quizá
cuente
con el
beneplácito
de los
que
sucumban
ante
el
siguiente
comentario
de la
contratapa:
“A
los
cien
años
del
nacimiento
de
Borges,
Editorial
Lumen
hace
conocer
una
nueva
verdad
que
está
oculta
dentro
del
misterioso
número
cien,
que es
la
letra QOF,
secreta,
pero
que
puede
ser
revelada
por
los
lectores
que
reciban
este
libro
y
acepten
viajar
utópicamente
por
sus
iluminadas
páginas”.
Patricia
Willson