9

2000

 

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Beatriz Borovich. Los caminos de Borges. La Kábala, los mitos y los símbolos.


Reseña por Patricia Willson

 

Además de sendas notas preliminares de la autora y de la ilustradora, este libro de editorial Lumen cuenta con dos capítulos que funcionan a modo de introducción conceptual (“La Kábala” y “Sobre mitos y símbolos”), a los que siguen otros en que se proponen lecturas de diversos textos de Borges, ex­traídos de Historia de la eternidad, Ficciones, El Aleph, Otras inquisiciones, El Hacedor, El Otro, el mismo, Elogio de la sombra y El tamaño de mi esperanza.

Así pues, en “La memoria y la última sombra”, se propone una interpreta­ción de “El Hacedor”; en “El mundo angélico”, una de “Historia de ángeles”; en “El Tretragrámaton”, una de “La muerte y la brújula”; en “Esta es la muerte que hubiera elegido y soñado”, una de “El Sur”; en “El libro total”, una de “La biblioteca de Babel”. En total, Borovich analiza veintidós textos de Borges, hasta llegar a “Palabras finales”, en cuyo párrafo de cierre ad­vierte: “Nuestro barco puede ser nuestra mente, nuestra alma. El puerto de llegada: el hallazgo de una respuesta a la vida que nos toca conocer, para que la naturaleza, la cultura y la razón se aúnen en una obra perfecta del Creador y del hombre; y poder decir con seguridad y sin temor, parafraseando a Bor­ges, que la última letra de nuestro nombre ha sido articulada.” Los comentarios de Borovich están acompañados de ilustraciones alusivas. Cierra el libro una bibliografía que incluye, entre otros, los siguientes textos: La Cábala, también de Borovich; Borges y la Cábala, de Saúl Sosnowski; Borges y la arquitectura, de Cristina Grau; Las letras de Borges, de Sylvia Molloy; y Las claves de Enoc, El Libro del Conocimiento, publicado por la Academia para la Ciencia Futura.

La autora inicia el libro con una forma oblicua de la captatio benevolentiae; lo anuncia como homenaje personal, largo tiempo postergado: “escribir un libro sobre la obra de Borges es un tema que tenía pendiente desde hace mucho tiempo”; “este trabajo tenía que salir a la luz, era un homenaje que le debía a Borges”. (Para Borovich, según reza la dedicatoria, Borges es el demiurgo maestro que le dio la luz para conocer la cifra de su obra). Esas razones son personales y es justo destacar móviles tan válidos y nobles. Sin embargo, porque se trata de un libro y porque, como tal, se ofrece a la lectura de mu­chos, es justo también sustraerlo de lo estrictamente individual, analizarlo, y emitir un modesto juicio de valor, antes de tener a bien transmitir sus pro­puestas, como afirma la propia autora (“Mi libro también me abandona. Las diferentes propuestas ya no son íntegramente mías. Otros las recibirán y po­drán transmitirlas”).

La calidad de la edición (tipo de papel, tipografía, dimensiones de los már­genes, ilustraciones) lo ubica, difusamente, dentro de la categoría “libro de arte”. Los numerosos dibujos realizados por Ester Gurevich ocupan páginas impares y llevan como título el de relatos o poemas de Borges. En una suce­sión (¿voluntariamente?) pesadillesca desfilan cuatro cabezas de caballo que sobrevuelan un torso decapitado, dos lanzas y un revólver (“Poema conjetu­ral”); un hombre vendado que fuma con­tra un paredón, junto a un reloj que es un libro y frente a unos brazos haciendo el saludo nazi (“El milagro se­creto”); un friso de losanges, tres fechas y una cabeza con un gran signo de interrogación (“La muerte y la brújula”).

El análisis de Beatriz Borovich se sitúa explícitamente en un marco interpre­tativo determinado: la Kábala. La lectura de Los caminos de Borges depara, sin embargo, la siguiente sorpresa: la autora también lee desde el lugar común. Semejante eclecticismo da como resultado una serie de comentarios sobre textos Borges que difícilmente satisfarán a quien nunca leyó a Borges, y que sin duda irritarán a quien lo ha leído. Remitimos, a manera de ejemplo, al capítulo “Sobre mitos y símbolos”: “En los cuentos borgeanos hay muchos símbolos que tienen una significación universal, como el templo, la luna, el fuego, la rosa, la tempestad, los escalones, la luz, el tigre, la tierra, el agua... Pero existen otros que tienen una significación del propio Borges o de nues­tra interpretación. Tal como los círculos del tiempo, la Biblioteca, el tren de la estación Constitución, el coche plaza, el Ecuador, el sur, el Nombre, el de­sierto, la soga, la mancha roja de seis puntas, el laberinto, los escalones...”

Muchos son los libros sobre Borges publicados en este año del centenario; el abanico de potenciales lectores es amplio. Este de Beatriz Borovich quizá cuente con el beneplácito de los que sucumban ante el siguiente comentario de la contratapa: “A los cien años del nacimiento de Borges, Editorial Lumen hace conocer una nueva verdad que está oculta dentro del misterioso número cien, que es la letra QOF, secreta, pero que puede ser revelada por los lectores que reciban este libro y acepten viajar utópicamente por sus iluminadas páginas”.

Patricia Willson


 

Published in Variaciones Borges 9 (2000)
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